¿Vivir o tener?


Del quiero TENERLO al quiero VIVIRLO, la diferencia entre ser ordinario y ser distinto.
En estos tiempos, donde la loca carrera por comprar cosas ocupa gran parte del pensamiento de la gente y de sus conversaciones, me parece pertinente tomarnos un tiempo para hablar de lo valioso de la vida. La verdad es que no pretendo hacerla de “evangelizadora”, sin duda alguna me falta mucho por aprender, pero creo que correr me ha dado ciertas pautas para sentir lo que verdaderamente importa. Aquello que otros escriben o describen para hacernos cambiar de rumbo, yo lo vivo a diario cuando mis piernas vuelan el asfalto.

En las últimas semanas he escuchado cientos de veces la misma conversación sobre la compra de un refrigerador de 17 pies que, además, ya hasta amerita la toma de fotografías. Las tres mujeres que hablan del tema hasta ovacionan "ooooH qué lindo", "¡wow que oferta!", y yo pienso ¿neta son tan huecas para llevar 3 semanas hablando de algo así?

Mi vida no es digna de una biografía, me queda claro, pero hace años, un día de lluvia como los que hemos tenido últimamente mi mente se hizo conciente de lo que llevaba unos minutos haciendo: estaba corriendo. Corría por lo que queda del Bosque de los Remedios, en el parque La Hoja, cuando aún crecían los girasoles silvestres a un lado de “la pista” que los corredores del norte de la ciudad habíamos hecho con nuestros pasos y recuerdo haber pensado: “wow, estoy corriendo, mis piernas son fuertes, casi podría decir que me despejo del suelo y mis manos y brazos se llenan del rocío de las flores tras la lluvia” y agradecí. Juro que agradecí a Dios la infinita bendición de ese día y de tanto otros en que me permite ver esas cosas tan hermosas.

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