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Correr: enseñanza de vida




Siempre he pensado que correres lo más parecido a la vida diaria que conozco. Tal vez cualquier deporte sea excelente para la salud, pero correr no sólo ayuda al cuerpo, también ayuda a la mente y no por aquello de la liberaciónde endorfinas, sino por lo que puedes aprender de ti mismo mientras corres o aprender de otros.
Por ejemplo: hoy me caí. Iba corriendo donde siempre voy, me distraje sólo un instante, suficiente para perder el equilibrio, metí las manos y me raspé las palmas, eso no detuvo mi caída así que me raspé el torso y el codo izquierdo que de plano quedó bastante afectado y también me lastimé la rodilla. Pero ¿qué tiene que ver esto con una enseñanza de vida? Simple: después de la caída tuve que levantarme, sacudirme, revisar los daños y continuar. Tal como se debe hacer cuando una “caída” se presenta en la vida.
En esta ocasión, absolutamente NADIE me ayudó, a pesar de que había personas alrededor, pero me he caído en otras ocasiones y en algunas, he recibido ayuda pero, siempre he tenido que continuar sola mi camino, porque esas personas que me ayudan no llevan la misma dirección.
Pienso que eso sucede en la vida real, con cosas quizá más tangibles. Tal vez alguien te ayude en el trabajo en un apuro, pero siempre tendrás que aprender a hacer las cosas por ti solo porque no se quedarán por siempre a auxiliarte. También sucede con algún rompimiento o la muerte de un ser querido (aunque se trate de una mascota) el dolor de la “caída” en estos casos, es enorme pero igual que lo hice hoy, no queda más que levantarse, sacudirse, revisar los daños y continuar. Siempre habrá alguien que te deje solo o quizá te acompañe pero no será el resto del camino, por que además sería injusto para alguien cargar siempre contigo.

Hay otra particularidad en ambos casos: jamás se comienza al mismo ritmo y eso es normal, tal vez primero se camine y con el tiempo, se logre volver al ritmo de carrera. Eso mismo es en la vida: comienzas poco a poco, nadie ha dicho que será fácil, pero una vez que alcanzas suficiente confianza, comienzas de nuevo a correr, con alegría, con disfrute, con pasión.

Esa es la maravilla de correr. Cada día, mientras camino hacia el parque donde corro, observo las estrellas y me siento feliz de poder ver la noche y luego ver amanecer, me siento dichosa de saber que la vida me favoreció con unas piernas fuertes capaces de llevarme a donde sea, pero sobre todo, con un corazón enorme, que además de latir intensamente no se deja vencer y siempre vuelve intentarlo. Es cierto, he flaqueado, pero siempre regreso a las pistas, creo que más que nada, correr me salva la vida a cada instante. Ese momento es para mí un regalo que armoniza cuerpo, mente y espíritu y que me permite agradecerle a Dios, todos los días la bendición de estar viva.

Mi aventura Vo2Max

El sábado nos entregaron los uniformes del equipo. Lo confieso, ¡yo sí estaba emocionada! La entrega, además, concluyó con la toma de una foto en donde estamos todos: los súper corredores, los maratonistas, los siempre ganadores en su categoría, los novatos, los que tenemos poco pero le echamos ganas… vamos, estamos todos, todos los corredores Vo2Max, incluyendo a nuestro súper entrenador.

Con la playera


Mi aventura con Vo2Max comenzó en enero de este año. Por insistencia de José Luis acudí a un entrenamiento en el parque Naucalli y me gustó. Luego fui a uno de sus entrenamientos de distancia y simplemente me enamoré del grupo. Era por todo: unos locos que disfrutaban correr tanto como yo, un buen ambiente fraternal y la grandiosa experiencia de correr en un bosque.

Con la sudadera


Vamos, para mí era mágico porque estaba con personas que corrían y me sentía parte de un grupo. En Vo2Max ya no escuchaba el clásico “si sigues corriendo así te acabarás las rodillas”. Aquí todos, grandes y chicos corremos porque nos gusta, porque es nuestro hobbie y nadie se ha acabado las rodillas. Era como estar entre personas que entendían por qué me levanto a correr 10k todos los días, sentirme parte de y dejar de ser el bicho raro.


Así es que los últimos 9 meses de mi vida he convivido cada 8 días con puros corredores y de todas las edades. Los sábados, los veo en la pista de atletismo de la FES Iztacala y los domingos nos vemos en punto de las 6 30 afuera del parque Naucalli para emprender el camino hacia la Pila, el Ocotal, el Desierto de los Leones, C.U., el Autódromo o, en su defecto una competencia en la que siempre alguno del grupo se sube al podium.


Sin más, estoy agradecida con el grupo por recibirme, por dejarme correr a su lado, por darme tips y ánimos en las carreras, por verlos pasar cuando yo apenas voy, por el relajo, las bromas, los chistes, la convivencia, la buen vibra, el trabajo en equipo (sí, aunque no lo crean, se puede correr en equipo), pero sobretodo por ser mi familia Vo2Max, por sentirme cobijada y feliz cada fin de semana de estos 9 meses que espero se conviertan en muchos años.

¡¡Este es mi uniforme!!


Y como dice Adrián: Orgullosamente Vo2Max.


Por cierto, si se preguntan de dónde viene el nombre, Vo2Max es la capacidad aeróbica total que tiene una persona.

Soy una mujer en construcción

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