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15 de noviembre


Para esta fecha un poema soberbio de Mario Benedetti

Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres.

Sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
seguro sin seguro.

Te dejo frente al mar
descifrándote solo
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota.

Te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía.

Pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono.

Estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos.

Estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra.

Estaré repartida
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen.

Y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote.

Chao #3 Mario Benedetti
Corregí un par de cosas, pido perdón a Mario y sus lectores.

La guardé para nuestro encuentro, no 40, sino 12 años después


Recuerdo –como si hubiera sido ayer- que estaba escribiendo el último capítulo de la serie cuando sonó el teléfono en mi escritorio y reconocí al instante la voz radiante de Martina Fonseca (cielos! Se tenía que llamar así):

-¿Alo?

Abandoné el artículo en mitad de la página por los tumbos de mi corazón, y atravesé la avenida para encontrarme con ella en el hotel Continental después de 12 años sin verla. No fue fácil distinguirla desde la puerta entre las mujeres que almorzaban en el comedor repleto, hasta que ella me hizo una seña con el guante. Estaba vestida con el gusto personal de siempre, con un abrigo de ante, un zorro marchito en el hombro y un sombrero cazador, y los años empezaban a notársele demasiado en la piel de ciruela maltratada por el sol, los ojos apagados, y toda ella disminuida por los primeros signos de una vejez injusta. Ambos debimos darnos cuenta de que 12 años eran muchos a su edad, pero lo soportamos bien. Había tratado de rastrearla en mis primeros año en Barranquilla, hasta que supe que vivía en Panamá, donde su vaporino era práctico del canal, pero no fue por orgullo sino por timidez que no le toqué el punto.

Creo que acababa de almorzar con alguien que la había dejado sola para atenderme la visita. Nos tomamos 3 tazas mortales de café y nos fumamos juntos medio paquete de cigarrillos bastos buscando a tientos el camino para conversar sin hablar, hasta que se atrevió a preguntarme si alguna vez había pensado en ella. Sólo entonces le dije la verdad: no la había olvidado nunca.(…) Su despedida había sido tan brutal que me cambió el modo de ser…

Vivir para contarla
Gabriel García Márquez

El espejo de Oesed


Dumbledore dijo “tú, como cientos antes que tú, has descubierto la delicias del espejo de Oesed".

-No sabía que se llamaba así, Señor.
-Pero espero que te hayas dado cuenta de lo que hace, ¿no?
-Bueno, me mostró a mi familia y…
-Y a tu amigo Ron lo reflejó como capitán.
-¿Cómo lo sabe?
-No necesito una capa para ser invisible- dijo amablemente Dumbledore-. Y ahora ¿puedes pensar que nos muestra el espejo de Oesed a nosotros?
Harry negó con la cabeza.
-Déjame explicarte. El hombre más feliz de la tierra puede utilizar el espejo de Oesed como un espejo normal, es decir, se mira exactamente como es. ¿Eso te ayuda?

Harry pensó. Luego dijo lentamente:

-Nos muestra lo que queremos… lo que sea que queramos…
-Sí y no- dijo con calma Dumbledore-. Nos muestra ni más ni menos que el más profundo y desesperado deseo de nuestro corazón. Para ti, que nunca conociste a tu familia, verlos rodeándote. Ronald Weasley, que siempre ha sido sobrepasado por sus hermanos, se ve solo y el mejor de todos ellos. Sin embargo, este espejo no nos dará conocimiento ni verdad. Hay hombres que se han consumido ante esto, fascinados por lo que han visto. O han enloquecido, al no saber si lo que muestra es real o siquiera posible.

Continúo:

-El espejo será llevado a una nueva casa mañana, Harry, y te pido que no lo busques otra vez. Y si alguna vez te cruzas con él, deberás estar preparado. No es bueno dejarse arrastrar por los sueños y olvidarse de vivir, recuérdalo. Ahora, ¿por qué no te pones de nuevo esa magnífica capa y te vas a la cama?

Harry se puso de pie.

-¿Qué es lo que ves tú, cuando te miras en el espejo de Oesed?

J. K. Rowling
Harry Potter y la piedra filosofal

Soy una mujer en construcción

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